La belleza de las palabras es uno de los placeres más efímeros y permanentes, simultáneamente. Aquellas
dulces melodías que al combinarse majestuosamente tocan el alma de quien las
lee o escucha. La perfección es una de las palabras más deseadas del
género humano y al mismo tiempo la más hipócrita. Hipocresía y banalidad y , tal vez, algo de negación.
Alcanzar y lograr, son
confundidas habitualmente por personas que privadas de un objeto más
sublime, concentran sus energías en lo
básico de la existencia.
Aunque realmente no me gusta
hablar de existencia, que se frustra cada vez que muere, pero existencialismo eso
sí que me apasiona. Y no es por falta de humildad (curiosa blasfemia que
condena espíritus sublimes) pero mis labios han pronunciado las palabras más
bellas e iluminadas.
He nombrado a grandes personajes,
cantado épicas hazañas y susurrado ternuras al viento. He gritado al eco sus
mediocres y vacías repeticiones y jamás he mentido, les mentiría si les dijera
lo contrario. Mentir, la palabra de la ingenuidad. Toda la realidad es una
ilusión o más bien una alusión que refleja las pasiones de seres que rechazan
su naturaleza, escapan a lo divino y en ocasiones terminan perdiéndose en lo
terrenal.
Nadie me escucha y sin embargo te
hablo. Yo soy creador, creador de sueños e ilusiones. Altero realidades y beso
tu esencia. ¿No me crees? Recuerda que yo nunca miento. Alterar, manipular,
pueden ser expresiones de diferentes desvaríos y en un universo perverso son
hermanos siameses.
Tu conciencia está colocada en la
palma de mi mano, la puedo ver, sentir y hasta oler. ¿Dudas? Lo sé. Lo sé al
ver vibrar la ligera flama que se contrae y expande de un lado a otro y
súbitamente se eleva en forma de lengua para volver a temblar en direcciones
erráticas.
No te inquietes. Tu ansiedad te
trasforma en una esfera que emite puntiagudos picos que emergen de cualquier
lado. No me importa tanto cuando salen por la superficie pero cuando
súbitamente salen de la base me provocan un pinchazo. ¿Dolor? No, nada pueda
lastimarme. El sufrimiento me consumió y me abandonó, llevándose consigo a la
alegría pero no a la paz.
Tratemos algo diferente. Imagina que
te encuentras en Kinia. Si, Kinia. ¿Nunca has oído hablar de Kinia? Kinia, el
gran valle que se extiende en el país de Broda. En Broda los contrastes eran
maravillosos. De día, el azul celeste del cielo rompía casi violentamente
cuando se estrellaba contra el verde esmeralda de los pastizales. El valle de Kina se extendía por toda la
llanura hasta encontrarse con un gran muro de rocas que formaba la cordillera
Blea, nombrada así en honor al impenetrable e inquebrantable espíritu de la
princesa Blea, soberana y protectora del reino de Broda, muchos siglos atrás.
Siglos atrás… siglos atrás… el
tiempo… tu… yo… y el tiempo nuevamente o quizás renovado más nunca estático. Tu
incredulidad me parece cálida. En cada época siempre ha existido un héroe y un
villano, la maldad y la bondad juegan a las escondidas todo el tiempo, se
acechan, persiguen y se dan caza. Es un juego eterno mientras tú vivas.
Mientras tú no mueras. Mientras tu….